Las Meninas de Picasso 2

Las Meninas de Picasso

En este artículo, abordo la única serie que se conserva completa de Picasso: “Las Meninas”. Pintada entre agosto y diciembre de 1957 (cuando el artista tenía 75 años, y poco más de  trescientos años desde que Velázquez pintara su obra maestra), consta de 45 variaciones con las que el artista interpreta uno de los más célebres cuadros de la historia, “Las Meninas” de Velázquez.

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Año1957
AutorPablo Picasso
TécnicaÓleo sobre lienzo
EstiloCubismo
TamañoDe 194 cm × 260 cm a 18 x 14 cm.
LocalizaciónMuseu Picasso de Barcelona,

Las Meninas de Picasso análisis

En la década de los cincuenta, Picasso pinta una serie cuadros en los que busca deconstruir (llevar a cabo un estudio analítico   de  los diferentes elementos que conforman la estructura conceptual de una obra) y reinterpretar  algunas de las pinturas más representativas de los clásicos: “Almuerzo en la hierba” de Manet, “Las Mujeres de Argel” de Delacroix”, “Las Meninas” de Velázquez… En ese momento, el interés de los críticos por Picasso, se centraba más en su periodo cubista que en su obra actual. La pintura de Picasso se estaba asumiendo, poco a poco,  como “tradicional”.  En otras palabras, para los especialistas y seguidores, el artista malagueño empezaba a verse más como un artista del pasado que del presente. En este contexto, entre el 17 de agosto y el 30 de diciembre de 1957, teniendo como referencia una fotografía en blanco y negro del célebre cuadro de Velázquez, Picasso llevó a cabo la serie de 45 pinturas inspiradas en “Las Meninas” de Velázquez, mas 9 pinturas sobre pichones, inspiradas en el palomar que el artista tenía instalado en la terraza de su segunda residencia, “Villa Californie” (Cannes), 3 paisajes y un retrato de su pareja, Jaccqueline Roque (el 16 de agosto, Picasso había realizado un dibujo preparatorio para la serie).

   La técnica utilizada fue el óleo sobre tela, si bien, las medidas de los lienzos varían mucho, desde  grandes formatos (194 cm. x 260 cm.), a otros más pequeños, de 18 x 14 cm. Todas las obras están datadas, indicando  la fecha,  e incluso la hora de su ejecución, por lo que podemos comprobar que algunos  días llegó a pintar hasta seis obras.

  La serie ocupa actualmente tres salas del “Museu Picasso” de Barcelona, siguiendo las especificaciones del propio pintor que la donó en 1969 (tras la  muerte de su amigo y secretario personal Sabartés, en 1968), con la instrucción de que se estableciera una habitación en su honor.

La segunda planta de “La Villa Californie”, como taller. Las Meninas de Picasso

   Para afrontar la serie, Picasso habilitó como taller, la segunda planta de “La Villa Californie”, en ese momento deshabitada. Un aspecto a destacar es que para la  primera  y más grande de las obras, Picasso elige un lienzo en formato horizontal, con lo que varía sustancialmente las dimensiones y proporciones en relación a la obra original. Picasso sabía que al modificar el tamaño y la orientación del lienzo, modificaría, inevitablemente, la “atmósfera” y la disposición de los personajes, lo que conferiría a su obra un carácter más personal. De hecho, el malagueño, no se conforma con la versión general que hace de “Las Meninas” y sigue representando, ya individualmente, ya en conjunto,  y desde todos los ángulos posibles, a los personajes que aparecen en el cuadro de Velázquez. Para esta serie, Picasso vuelve al  cubismo, más o menos distorsionado, trabajando tanto las figuras como los fondos, a través de planos.  Así, las versiones picassianas, terminan por modificar nuestra percepción de la obra de Velázquez. Hay que tener presente que “Las Meninas” velazqueñas, además de una obra magistral en lo que tiene que ver con la representación pictórica del espacio (a través de la perspectiva, la “atmósfera”, los reflejos…), es, antes que nada, una reflexión sobre el proceso de creación, tema muy del gusto de Picasso. En “Las Meninas”, Velázquez ya había tratado de retar las convenciones de la época, incorporando a la obra “el espacio desde el que el espectador observa la escena”, a través de las imágenes reflejadas en el espejo (los reyes). Picasso también había aportado una nueva forma de afrontar la representación de la realidad a través del cubismo, por lo que el tema era de su interés. 

   Si bien, a la hora de afrontar una gran obra el artista solía realizar numerosos esbozos y estudios previos, en el caso de “Las Meninas”, no hay bocetos ni dibujos previos que terminen culminando en una obra maestra. En realidad, el artista se lanza al vacío desde la primera obra de la serie y,  cada una de las siguientes, las aborda como una fase, completa en sí misma,  del propio acto creativo, dejando constancia de que una misma imagen puede ser abordada desde diversos puntos de vista, variando  la técnica, la expresión, el color, las proporciones, etc.

  Podemos considerar así, que con sus “Meninas”, Picasso se enfrenta a su propia reafirmación como artista, al confrontar su obra con la de uno de los grandes  gigantes de la pintura, al tiempo que se reafirma también como un artista rabiosamente actual.

Las Meninas de Velázquez

Diego de Silva y Velázquez, pintó “Las Meninas” en 1656. Se trata de un gran cuadro en el que el pintor sevillano (Velázquez nació en Sevilla, en 1599 y murió en Madrid, en 1660), retrata a la familia del rey Felipe IV. En la obra aparece el propio Velázquez pintando  a María Agustina Sarmiento (menina de la infanta);  la infanta Margarita,  la enana Maribárbola; el bufón Nicolasito Pertusato, junto a un perro tumbado; el encargado del servicio de las damas de la reina, un “guardadamas”, otra “menina” y los reyes reflejados en el espejo. 

Sabemos que Picasso, desde muy joven, mostró  especial interés por Velázquez, llegando a copiar en el Museo del Prado (durante su estancia en Madrid para cursar estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) algunos de sus cuadros (retrato de Felipe IV).

 De la admiración de Picasso por “Las Meninas” de Velázquez, conservamos la exclamación recogida por su marchante Kahnweiler (“Conversaciones con Picasso”,  Stuttgart, 1959):

«Las Meninas, ¡vaya cuadro! ¡Qué realidad! Velázquez es el verdadero pintor de la realidad. Aparte de que sus otros cuadros sean buenos o malos, éste, en cualquier caso, está admirablemente, perfectamente logrado».

Conversaciones con Picasso”,  Stuttgart, 1959

En las conversaciones que Picasso llevó a cabo con Roland Penrose (“La vie et L´oeuvre de Picasso”, 1961, el malagueño nos ha dejado igualmente, su propia visión de “Las Meninas”: 

«Velázquez está visible cuando en realidad no debería estarlo, puesto que le vuelve la espalda a la infanta del primer término que tiene por modelo. Está delante de un gran lienzo  en el que parece estar trabajando, pero como se ve solo el reverso del cuadro, no podemos ver lo que pinta. En realidad, está pintando al rey y a la reina de quiénes vemos la imagen al fondo de la habitación. Sin embargo, el hecho de que los veamos, implica que ese rey y esa reina no miran a Velázquez sino a nosotros. Y las Meninas se han agrupado en torno al pintor no para posar, si no para mirar el retrato del rey y la reina, y como éstos, nosotros, espectadores, estamos detrás de ellas».

La vie et L´oeuvre de Picasso

Velázquez, en “Las Meninas” estableció  una red de complejas relaciones entre los distintos personajes representados en el lienzo y el espectador que contempla la obra, trazando, de esta forma, nexos entre el espacio pictórico y la realidad exterior. Tales aspectos interesaron y motivaron fuertemente a Picasso a la hora de plantearse llevar a cabo sus variaciones sobre la obra de Velázquez. 

   La empresa, a nivel  pictórico, fue ardua, y más teniendo en cuenta que por aquellos días Picasso sufría del dolor de una pierna, y Jacqueline acababa de sufrir una intervención quirúrgica. Como solía ser habitual, durante el tiempo que tardó en pintar “Las Meninas”, Picasso se recluyó en su estudio sin apenas atender visitas. H. Parmelin (“Picasso sur la place”), nos deja un testimonio del propio artista, quien dice: 

 «Las Meninas son Furias que te siguen camino de las corridas y hasta las mesas colmadas de los almuerzos en Nimes, hasta las paellas en la Camarga, hasta la misma Marsella».

Picasso sur la place

El proceso de creación de las Meninas

Resulta evidente que el malagueño no buscó en ningún momento hacer una copia del cuadro velazqueño. 

  Picasso comenzó la serie abordando un gran lienzo de 194 x 260 cm, aportando una visión general de la obra. Se trata de una grisalla en las que las tonalidades se han reducido a grises y negros (al igual que “El Guernica”). Posteriormente pintó otros lienzos más pequeños en los que se centraba  en el grupo de personajes que rodea a la infanta y sus meninas, en  el perro, en  la infanta sola, etc.

   Picasso tampoco se limitó a las tonalidades  terrosas utilizadas por Velázquez, sino que desplegó en su serie una amplia gama cromática.

Mientras llevaba a cabo la serie, en concreto el 6 de septiembre, el artista  hizo una pausa para pintar varios cuadros de palomas, palomares y paisajes. El 14 del mismo mes retoma la serie, tras pintar un retrato de Jacqueline. 

Como dejó escrito, Jaume Sabartés en el texto que escribió sobre la gestación de la obra (“Les Menines et la vie” editado en 1958 por Cercle d’Art en París), la idea de pintar una recreación de “Las Meninas” de Velázquez, le rondaba por la cabeza  al artista desde 1952: “Imagino que lo tenía en su recuerdo como una pesadilla; sería por esto que quería sacárselo de encima estudiándolo a fondo, personaje por personaje, elemento por elemento, y ofrecernos el resultado como una lección, para enseñarnos a ver la obra velazqueña sin esforzar la vista, toda la obra de Velázquez a través de sus Meninas” 

Según Sabartes, Picasso, le llegó a comentar: «Si uno se pusiera a copiar Las Meninas de buena fe, ¿qué tal sería poner a este un poquito más a la derecha o a la izquierda? Yo probaría hacerlo a mi manera, olvidando a Velázquez. (…) Así poquito a poco, iría pintando unas Meninas que parecerían detestables al copista de oficio; no serían las que él creería haber visto en la tela de Velázquez, pero serían mis Meninas…” 

La serie de “Las Meninas” se expuso a principios de 1958 en Londres, París y Tokio. En 1968, en plena dictadura franquista, la serie llegó a Barcelona, siendo  alojadas en el Museu Picasso de Barcelona.

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