Etapa Rosa de Picasso

Etapa Rosa de Picasso 2

Picasso abandona el predominio de colores fríos y su paleta comienza a decantarse  por tonalidades más calidad (tonos rosados, rojizos…). Los temas predominantes en  el periodo Rosa de Picasso son las escenas de circo (acróbatas, bufones, payasos, arlequines con sus familias…). La causante de este cambio  psíquico y artístico es la “belle” Fernande Olivier, con la que Picasso convivirá 7 años (de 1904 a 1911).

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Estudio sobre la época Rosa de Picasso 1904-1906

Con cuadros como El actor y los primeros dibujos del circo, la pintura de Picasso  va desplazando sus tonalidades azules a un  cromatismo con predominio de  colores más cálidos, en particular rosas, anaranjados y rojos. Tal desplazamiento cromático dará lugar al denominado Periodo Rosa, periodo que se inicia hacia finales de 1904 y dura hasta finales de 1906, cuando el artista comienza a experimentar con estructuras formales  protocubistas.

El detonante de este nuevo cambio cromático que dará lugar al denominado Periodo Rosa de Picasso no es otro que la belle Fernande (Fernande Olivier), su primera compañera fija y su musa durante este periodo.

La “Belle” Fernande. Periodo rosa de Picasso

Fernande Olivier (su verdadero nombre era Amélie Lang) conoció a Picasso en 1904, un año antes de que el artista comenzara su Período Rosa. Fernande, que nunca aceptó las propuestas de matrimonio de Picasso,  era conocida  entre los artistas por haber posado para  artistas de tinte clásico, como Jean-Jacques Henner, Carolus-Duran, Fernand Cormon, Boldini, Othon Friesz, o el catalán, Joaquim Sunyer…

Fernande se había casado con un hombre violento del que huyó para vivir con Laurent Debienne,  un joven escultor que tenía su estudio en el edificio que el poeta Max Jacob había bautizado como  “Le Bateau Lavoir”, un ruidoso y desvencijado caserón del que sobre las maderas y el cinc de las techumbres, sobresalían las chimeneas de las estufas. El caserón estaba  situado en el barrio de Montmartre (distrito 18 de París) y carecía de las más elementales condiciones higiénicas. Era oscuro, solo disponía de una fuente para todos los inquilinos, en verano el calor era insoportable  y en invierno se volvía  un nevero. Debido a su mal estado de conservación y al escaso alquiler que había que pagar por los numerosos estudios que acogía,  se habían instalado en el mismo un nutrido grupo de artistas bohemios. Y este había sido también el lugar elegido por Picasso para asentarse en la capital francesa. Cabe recordar que cuando Picasso de instala definitivamente en  París (1904), Montmartre era un barrio, lleno de huertos y viñas,  sobre una colina, en que, debido a que en él no se había llevado ninguna reestructuración urbanística, podían encontrarse alquileres de estudios a precios muy bajos.

En el año 1900, Amélie Lang cambió su nombre por el de Fernade Olivier, con el fin de pasar desapercibida. Vivía en la miseria y apenas  ganaba para el sustento posando para pintores de cierta fama.  Una tarde lluviosa, Picasso, que había recogido un gato, seguramente, por los alrededores del Moulin de la Galette, se lo ofrece a la joven riendo y cerrándola el paso. “Yo también empecé a reírme –nos dice Fernande–, y él me llevó a ver su estudio”. Un año después (septiembre de 1905), comenzaron a vivir juntos, una relación amorosa que durará siete años, siete años de pobreza  y bohemia. Una relación que, si bien se caracterizó por ser una relación tempestuosa, debido a los celos de ambos, lo cierto es que Fernande inspiró a Picasso hasta el punto de dar un nuevo giro a su pintura (Periodo Azul) y, posteriormente, de servirle de musa para su Periodo cubista.

Fernande era bella, corpulenta, inteligente y bien conocida por su holgazanería. También una buena cocinera, capaz de administrar los pocos francos que Picasso lograba   ganar, en aquellos días,  con su obras.

«¿Quién habría imaginado entonces lo que llegaría a ser Picasso —nos dice Fernande Olivier  en “Picasso y sus amigos” —  un hombre de mundo, cuando se le encontraba en la Colina, en alpargatas, con los cabellos revueltos o con una vieja boina, y vestido igual que los obreros metalúrgicos? Pantalón, blusa de tela azul, cuyos lavados sucesivos habían acabado por darle unos tonos encantadores de pastel, y aquella inolvidable camisa de algodón rojo con pelos blancos, comprada por un franco noventa y cinco en la plaza de Saint- Pierre. Picasso era quien barría el estudio, quien iba a comprar provisiones. Yo era, lo confieso, muy perezosa. Éramos jóvenes: apenas cuarenta años entre los dos. En épocas de prosperidad, por veinte céntimos la hora, venía todas las mañanas, mientras dormíamos, una mujer a hacer la limpieza. Pero, en vez de limpiar, prefería leer un periódico sentada confortablemente en el único sillón que teníamos, bebiéndose el café que había preparado para nosotros. Nos despertaba el ruido del plumero, del que apenas si le quedaba algo más que el mango, y con el que daba pequeños golpes secos y molestos sobre los muebles y objetos cuando estaba ya cansada de leer. En casa de Picasso he pasado los mejores años de mi vida. En esa época fui totalmente feliz. También, ¡ay!, dejé allí una parte de mi juventud y todas mis ilusiones».

En su libro, Fernande confiesa también que el amor por Picasso fue el más bello de su vida, y, además de describir las penurias que compartía con su amante, nos detalla simpáticos  pasajes de la vida de Picasso, como el del ratón blanco que criaba Picasso, y para quien le había hecho un nido en un cajón. Nos habla también de su  asombro ante el desorden que reinaba en el estudio del  estudio del pintor:

«Inmensos lienzos sin acabar se amontonaban por todo el estudio, y todo lo que había allí sugería trabajo: pero, ¡Dios mío, qué caos! (…) En un rincón había un colchón sobre cuatro patas. Una pequeña estufa de hierro cubierta de óxido; encima había una palangana de barro para lavarse; a su lado una mesa blanca de madera, había una toalla y una diminuta pastilla de jabón. En otro rincón, un patético tronco pintado de negro hacía las veces de un asiento bastante incómodo. Una silla de mimbre, caballetes, lienzos de todos los tamaños y tubos de pinturas estaban desparramados por todo el suelo junto con los pinceles, latas con óleos y un recipiente con el líquido de los grabados. No había cortinas. En el cajón de la mesa, Picasso guardaba un pequeño ratoncito blanco al que cuidaba con mimo  y que enseñaba a todo el mundo. (…) El estudio era un horno en verano, y no era raro que Picasso y sus amigos anduviesen por allí completamente desnudos. Recibían a las visitas casi desnudos, cuando no completamente desnudos; solo con una bufanda alrededor de la cintura. (…) En cualquier caso, a Picasso le gustaba andar sin ropa, y la belleza de sus miembros no era ningún secreto. Tenía las manos pequeñas, y estaba muy orgulloso de sus pies y de sus piernas andaluzas, bien formadas, aunque un poco cortas. Tenía la espalda ancha y era bastante robusto. Siempre lamentó que le faltaran esos pocos centímetros que le habrían permitido las proporciones ideales».

Picasso la utiliza a menudo como modelo, llegando a pintar más de 60 obras inspiradas en  Fernande.

La “banda” Picasso

En 1904, Picasso, había iniciado amistad con el poeta  Andrés Salmon y con  el poeta y crítico de arte, Guillaume Apollinaire (su verdadero nombre era Wilhelm Albert Włodzimierz), precursor  del surrealismo. En la misma época entra en contacto con el refinado Max Jacob, un poeta atormentado por las cuestiones  religiosas y la salvación del alma,  y con el escultor catalán Manuel Hugué (al que había conocido en “Els Quatre Gats”) , un personaje nervioso al que Apollinaire calificó como “el rey del hampa parisina”, debido a su condición de pícaro (se ganaba la vida mediante pillerías y estafas. Había huido a Francia para escapar del servicio militar. Tras pasar unos días en el cuartel de caballería, había desertado con su caballo, vendiendo el animal una vez  pasado los Pirineos). Picasso, sentía una gran amistad por Manolo, sin embargo, Fernande consideraba que era una mala influencia para su amante.

Uno de sus trucos, el más inocente, era hacerse pasar por escultor de fama. Desdichadamente nadie había visto jamás ni una de sus esculturas. Picasso, riéndose, explicaba que lo había visto esculpiendo por unas pesetas los terrones de mantequilla en las pastelerías de Barcelona, tal como se hace todavía en España (CRESPELLE, Jean-Paul. Picasso, sus mujeres, sus amigos, su obra. Pág. 84, Ed. TABER).

A la “banda” de Picasso, hay que añadir a  la propia Fernande Olivier y  a la pintora  Marie Laurencin (el gran amor de Guillaume Apollinaire). En realidad, entre los amigos de Picasso, se encontraban el grupo de españoles con el que compartió sus miserias (Gargallo, Nonell, Ramón Pichot, Junyer, Canals, Sabartés…)  y el grupo, cada vez más numeroso, de  franceses.

Durante este periodo, Picasso y sus amigos se aficionan al opio, hasta que en el año 1908, el pintor alemán, G. Wiegels, se suicida, por exceso de drogas, colgándose en su estudio. A partir de este suceso, Picasso y Fernande deciden abandonar el opio.

Imagenes de la obras pintadas en la etapa Rosa de Picasso

Arlequines, saltimbanquis y otros personajes del circo.

En esta nueva etapa, la temática de Picasso va apartándose, poco a poco, de los mendigos ciegos, prostitutas, inadaptados sociales… para desarrollar otra centrada fundamentalmente en actores, el circo, arlequines… Los arlequines de Picasso no son los elegantes arlequines de Watteau, ni los  bufones que hacen reír a los poderosos, sino el actor, el hombre que debe mostrarse ante la sociedad con su disfraz, tal vez para que su presencia sea notada, tal vez por el orgullo de reafirmar su condición. El arlequín aparece en ambientes íntimos con su esposa, con sus hijos, como el gran cuadro Familia de acróbatas con mono.

La inspiración para los arlequines,  saltimbanquis y los  diferentes personajes del circo la encuentra Picasso en el propio Montmartre, lugar de asentamiento del circo Medrano (ubicado en el 63 “Boulevard de Rochechouart” en el distrito 9).

Sus acróbatas payasos y caballos ya habían sido utilizados como fuente de inspiración por artistas como Degas,  Toulouse  Lautrec, Forain o Seurat. Montmartre era una especie de isla dentro de París. Con asiduidad, las casetas del circo campaban por los alrededores,  por lo que Picasso pudo contemplar  los adiestramiento de los animales y los ensayos de los artistas. Entre los cuadros más representativos de esta época además de   Familia de acróbatas con mono, encontramos Equilibrista sobre una bola, una niña manteniendo el equilibrio sobre una gran pelota, apareciendo en primer plano la figura de un fornido luchador.

Tiempos de Bohemia para Picasso: El “Le Lapin Agile”

Durante este periodo, Picasso vivió tiempos de pobreza y bohemia deambulando por las empinadas calles que conducían hasta la “Place du Tertre” (en la colina de Montmartre) con sus numerosos restaurantes.

Un pequeño café-cabaret, en particular, se convirtió en el punto de reunión de Picasso, Fernande y el grupo de poetas y artistas amigos de Picasso: “Le Lapin Agile” (El conejo ágil).

A principios de siglo, el matrimonio Berthe Sébource y Frédéric Gerad (apodado Le Père Frédé), se habían hecho cargo del pintoresco cabaret, logrando reunir a  artistas como Braque, Modigliani, Max Jacob, Utrillo, Apollinaire… y el propio Picasso. Cabe señalar también una pintoresca fauna: una corneja amaestrada (Picasso, hizo al menos dos obras de la hija del dueño con la corneja), el mono Théodule, la cabra Blanchette, un perro, varios ratones blancos, el asno Lolo… Al respecto de este burro, cabe reseñar luna  anécdota curiosa. El grupo que frecuentaba el cabaret, decidió atar un pincel en el rabo del  burro Lolo, con el que el animal pintó un lienzo. El lienzo fue enviado (y expuesto) en 1910, en el “Salón de los Independientes”, con el título: “Coucher du soleil sur l’Adriatique” (Puesta del sol en el Adriático). El nombre del artista: Joachim Raphael Boronali.

Lo curioso fue que la obra  tuvo un gran éxito de crítica, siendo calificado de ejemplo de “empastes geniales” y “sentido trascendente del color”, llegando a venderse por 400 francos. Unos días después, el periodista Roland Dorgelès, reveló el verdadero auto con el  titular de Le Matin: “Un asno por jefe de escuela”.

La intención de Frédéric Gérard (propietario del cabaret) y sus amigos, el crítico André Warnod y el pintor Pierre Girieud  (junto a un notario que documentó  la broma), era dejar en evidencia el mundo del arte, mostrando  que era suficiente enmarcar bien un cuadro para que este  fuese visto como una obra artística.

El dueño, Père Frédé, admitía obras como pago por sus  servicios y allí podían encontrarse pinturas  de Utrillo, Suzanne Valadon, Poulbot,  y del propio Picasso (Picasso disfrazado  de Arlequín, con Germaine Pichot, ex amiga de Casagemas, en un segundo plano).


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Viaje a Holanda en la época Rosa de Picasso

En el verano de 1905 el escritor holandés Schilperiot, invitó a Picasso a su casa de Schioredam. Picasso permaneció un mes en Holanda donde pintó, entre otras obras, La bella holandesa, una mujer desnuda con cofia de encaje.

La obra muestra un marcado interés por el volumen, lo que estímulo al artista a llevar a cabo  esculturas como El bufón (1905-1906), obra trabajada con cierta tosquedad y que, posteriormente, fue vaciada  en bronce. En cualquier caso,  pocos meses después de su viaje a Holanda Picasso entra de lleno en su Periodo Rosa.

El final del Periodo Rosa de Picasso está teñido de un cierto clasicismo, presente ya en obras como Mujer con el brazo levantado de 1905 o  Mujer en camisa, obras de transición entre el Periodo azul y el Periodo Rosa.  En esta época (1906) aparecen muchachos desnudos conduciendo caballos y cuadros como Dos desnudos,  donde, además del interés por las culturas clásicas, se empiezan a apreciar los primeros brotes de su Periodo Protocubista.

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