Frases,  Aforismos y Citas más representativas de Picasso 1
Vida Picasso

Frases, Aforismos y Citas más representativas de Picasso

El pensamiento artístico de Picasso

A lo largo de su dilatada vida, Picasso nos ha dejado una amplia colección de frases, y aforismos que muestran su forma de ver la vida y entender el arte. He de reconocer que algunas de tales frases y aforismos me han sido muy útiles a la hora  de enfrentarme con una obra artística o, tal vez, sería más apropiado decir, a la hora de darla por acabada. Dijo Juan Ramón Jiménez en su poemario Piedra y cielo:

¡No le toques ya más,
que así es la rosa!

Dando a entender que llega un momento en que no podemos seguir insistiendo en el acabado de una obra, ya que de hacerlo esta pierde su frescura. En este punto, lo dicho por Picasso es complemento. Un día le preguntaron  cuándo daba por acabada una obra, y el malagueño replicó: «cuando no hay nada en ella que me moleste». Para quien no es artista tal vez le resulte extraño la respuesta. Sin embargo, los que nos enfrentamos diariamente al proceso de creación, entendemos lo fácil que es dar por acabada una obra, aún en el caso de que no estemos del todo conformes con ella. El comentario de Picasso, incide, precisamente en este punto. Si hay algo en la obra que nos moleste, no la podemos dar por acabada. Debemos reconocer el punto débil y solucionarlo.

Cuando se nos muestra un dibujo de un objeto y se nos pregunta que vemos, lo habitual es responder “una manzana”, o “un caballo” o… Sin embargo,  un dibujo de una manzana, no es una manzana, ni un dibujo de un caballo es un caballo. Parece una verdad de Perogrullo y, sin embargo, nos suele costar entender  que  una obra artística nunca es la realidad, sino una interpretación de la misma. Una “mentira” que nos permite profundizar en la propia realidad. Picasso, lo expresó con la frase:

«El arte es la mentira que nos permite darnos cuenta de la verdad»

Un  poema de Fernando Pessoa, alude al mismo asunto:

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente.

Y, en el dolor que han leído,

a leer sus lectores vienen,

no los dos que él ha tenido,

sino sólo el que no tienen.

Y así en la vida se mete,

distrayendo a la razón,

y gira, el  tren de juguete

que se llama corazón.

El artista, como el poeta,  “finge”, “es un fingidor”, pues el arte no es lo real, sino la imagen (“la mentira”) de lo real. Sin embargo, como bien señala Picasso, el arte nos permite darnos cuenta de la verdad, nos permite enfrentarnos a la realidad (la “verdad”) desde diferentes puntos de vista, desde perspectivas nuevas, a veces, incluso, insospechadas. Y de este modo, ampliamos nuestra forma de ver y entender el mundo.

Por otro lado, es preciso darnos cuenta de que el  verdadero acto creativo no surge propiamente desde el plano  físico. Así, cuando Picasso, dice:

«La manifestación tiene lugar desde el Espíritu. No tiene lugar desde la forma, desde el mundo físico. Debes saber que ocurrirá lo que quieras manifestar»

deja constancia de que la forma no es sino la plasmación de algo que anteriormente ya ha sido concebido en el plano mental. En otras palabras, antes de crear, hay un proceso de ideación mental, por lo que la verdadera manifestación “No tiene lugar desde el mundo físico”. “La manifestación tiene lugar desde el Espíritu”.El genial Miguel Ángel, había dicho: «Se pinta con el cerebro, no con las manos», pues las manos se limitan a plasmar (en función del domino técnico adquirido) lo que la mente es capaz de concebir. Y reitero el concepto “en función del domino técnico adquirido”, pues hay un largo trecho entre lo que somos capaces de concebir y lo que somos capaces de plasmar en el plano de la materia física. Así, las palabras de  Miguel Ángel:  «La verdadera obra de arte no es más que una sombra de la perfección divina», no son muy diferentes de las de Picasso. Primero es la ideación, luego la concreción de lo pensado en el mundo material. Esta forma de entender la creación artística suele ser el fiel de la balanza  que nos permite distinguir  al verdadero creador del simple artesano, del “copista” de la realidad.

En la misma línea, Picasso nos dice:

 «Mi mano me dice lo que estoy pensando»

 Y también:

 «El arte no es la aplicación de un canon de belleza, sino la aplicación de lo que el instinto y el cerebro pueden concebir más allá de cualquier canon»

 El arte no es cuestión de reglas (aunque se sirva de ellas), tampoco de un “canon” de belleza, trasmitido desde la antigüedad por las academias. El arte debe ser vivo, una ideación mental, arropada por los sentimientos:

 «Pintar es una profesión de hombre ciego. El pintor no pinta lo que ve, sino lo que siente»

 Pero que, como es lógico, encuentra inspiración en las obras de otros artistas. Picasso, en este punto es muy directo:

«Los malos artistas copian, Los buenos, roban»

Dando a entender que quien se limita a copiar (imitar), nunca podrá desarrollar nada nuevo. No obstante, “robar”, es decir, profundizar en las ideas de otros artistas y, tomando como base tales ideas, aportar nuestra visión personal, es propio del creador. No podemos olvidar que todo está interconectado y, por tanto, nadie es capaz de crear algo totalmente original sino que, más bien, lo que creamos tiene como base el esfuerzo y la ideación de otros muchos seres humanos.

Ahora bien, un artista puede “copiar”. A veces es necesario como base del aprendizaje, pero lo que no le está permitido a un verdadero artista es copiarse a sí mismo:

«Copiar a otros es necesario, pero copiarse a uno mismo es patético»

Por supuesto, el verdadero artista no puede quedarse en “el robo”. Se ve obligado a trascender todo lo hecho, lo que, inevitablemente conlleva un acto de “destrucción”. Así lo reconoce Picasso, cuando afirma:

«Todo acto de creación es, ante todo, un acto de destrucción»

En efecto, del mismo  modo que no es posible construir una casa nueva, allí donde hay una casa vieja y en ruinas, sin antes derruir la vieja, tampoco  es posible crear algo nuevo, sin “destruir” los viejos conceptos e ideas, las viejas formas. No se trata, por supuesto, de “destruir por destruir”. Antes de “destruir” y “levantar” el nuevo edificio artístico, es preciso dominar las “reglas” del arte. Picasso, que dedicó gran parte de su vida a “destruir”  concepciones artísticas caducas, es plenamente consciente de ello, y por eso, advierte:

«Aprende las reglas como un profesional, para que puedas romperlas como un artista»

Es imprescindible dominar la técnica, para, valiéndonos de ella, poder “ir más allá”.  Y, sin embargo, cuántos pseudo-artistas tratan de hacer pasar sus “abstracciones” o sus “instalaciones” o sus…, por obras rabiosamente vanguardistas, cuando en realidad, lo único que muestran es una escandalosa falta de  dominio técnico. Ahora bien, las reglas se han hecho  para ser trascendidas, ignoradas:

«Para florecer, una obra de arte debe ignorar o más bien olvidar todas las reglas»

Sin embargo, no es posible hacerlo, sin haberlas dominado antes.

Por supuesto, al dominio de la técnica, es preciso añadir el esfuerzo, el trabajo. Decía el poeta (cito de memoria) que el “primer verso lo escribe Dios, pero el resto es fruto del esfuerzo”. Picasso es de la misma opinión:

«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando»

Sin duda, “la inspiración o, por utilizar un término muy usado en la antigüedad, las “musas”, existen, pero la mejor forma de invocarlas es trabajando, Como cantaba Hesíodo en su Teogonía (104-115):

¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto (…) E inspiradme esto, Musas, que desde un principio habitáis las mansiones olímpicas, y decidme lo que de ello fue primero.

Por supuesto, cuando Picasso habla de “trabajo”, está lejos de referirse a una jornada sofocante, e impersonal,  agotadora,  que nos deja exhaustos y estresados.  En otras palabras, no alude a una maldición, sino bien por el contrario a una actividad inspiradora y creativa. Por eso, nos dice:  

Tu trabajo en la vida es tu máxima seducción.

Pero la inspiración no llega de golpe, en toda su plenitud. La ideación es tan solo el punto de partida para que el pensamiento, a través de la mano,  dé forma a la  obra. Dice Picasso al respecto:

«Una idea es un punto de partida y nada más. Tan pronto como lo elabores, el pensamiento la transforma»

No son pocos los artistas que alcanzan la fase de la ideación, pero no van más allá. Recuerdo, que cuando trabajaba como director de publicaciones infantiles y juveniles en ediciones Júcar (Gijón), más de una vez me llegaron escritores proponiéndome el gran proyecto que pensaban llevar a cabo. Y mi respuesta siempre era la misma. “Cuando tengas acabado el proyecto, tráemelo y estudiamos la posibilidad de editarlo”. Todavía estoy esperando. Picasso, era muy consciente de ello, por eso dijo:

«En el arte, las intenciones no son suficientes y, como decimos en español, el amor debe demostrarse por hechos y no por razones. Lo que uno hace es lo que cuenta y no lo que uno tenía la intención de hacer»

Cito, para terminar, uno de los  aforismos más conocidos de Picasso:

«Yo no busco; yo encuentro»

Lo que nos recuerda que lo importante no es “buscar” nuevas formas de expresión, sino “encontrarlas” y que  me trae a la memoria, una especie de “koan zen” que escribí hace años y que, en  principio puede parecer absurdo: «No por mucho llorar has de encontrar una fuente en un ojo». Sé que parece una “boutade”, pero, os aseguro que no lo es.

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