Las mujeres de Picasso. 2

Las mujeres de Picasso.

Odette, Germaine, Eva Gouel, Olga Koklova, Marie-Thérèse Walter, Dora Maar, Françoise Gilot, Genevieve Laporte, Jacqueline Rocque…  son los nombres más conocidos de las mujeres que tuvieron una importancia relevante en la vida sentimental de Picasso y que sirvieron de inspiración para muchas de sus obras. En este artículo trato de poner de relieve tales relaciones.

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Picasso, la muerte y las mujeres

Uno de los aspectos que más han dañado la imagen  de Picasso es su particular relación con las mujeres que amó. Relaciones, en un primer momento, cargadas de potencial creativo (Picasso era tierno y romántico con sus amantes y muchas de ellas quedaron plasmadas en sus cuadros), pero que solían degenerar en desprecio, tiranía y olvido, una vez que la llama de la pasión se apagaba. 

   Escritores como Antonio D. Olano (Las mujeres de Picasso, ed. Planeta, 1987), nos hablan de los enamoramientos juveniles del artista (su prima Carmen,  la tendera de Horta de San Juan, la “Bella chelito”…). 

En ciertas épocas de su vida, las aventuras de Picasso se multiplican, durando sus relaciones el tiempo de una pose o de un capricho, “como Janne, o una tal Blanche, que ya es un breve pero intenso romance”, según nos dice Olivier Widmaier Picasso,  nieto del artista (“Picasso: retratos de familia”, Algaba ediciones, Madrid, 2003), añadiendo aún un comentario del propio Picasso al respecto de tales aventuras, sin aclarar la fuente de su procedencia: “Primero solo piensas en pintarla. Y luego, pasas a otra cosa…”

Amor y superstición

 Cabe recordar que Picasso,  era tremendamente supersticioso, aunque tratase de hacer pasar por juegos, sus comportamientos, un tanto infantiles, en este ámbito. Pero, sobre todo, si hemos de hacer caso a su amante, Françoise Gillot:

 “Su constante temor a la muerte, le había conducido a una fase crítica, cuyos efectos, al parecer, provocaban en él un gusto por “vivir” que hacía años Pablo había ya abandonado. Tenía tremendas ansias de “parecer” joven, fuese como fuese, y continuamente me preguntaba  si yo no temía a la muerte. Frecuentemente decía:

   –Daría cualquier cosa por ser veinte años más joven.

   Y otras veces, pensativo, comentaba:

   –Es una suerte tener tu edad.

   Ya antes había dicho:

   –Si vivo con alguien más joven, eso ayuda a mantenerme joven”. 

Para terminar confesando, poco después: 

“Cada vez que cambio de esposa tengo que quemar a la última. De esta manera me desembarazaré de todas ellas. No estarán a mi alrededor para complicarme la existencia: Puede ser que eso me devuelva la juventud también. Al matar a la mujer se borra todo el pasado que ella representa”. (Françoise Gilot  y Carlton Lake,  “Mi vida con Picasso”. Ediciones B, Barcelona, 1996, pp. 500-501)

“Absorber la juventud” de las amantes

Si lo expuesto por Gilot, fuese cierto, el constante intercambio de amantes y el hecho de que el artista buscase siempre amantes más jóvenes, tendría una de sus causas (independientemente de la atracción sexual) en la  no aceptación de la propia vejez, y de  la muerte, y en el enfermizo esfuerzo por “absorber” parte de la juventud de las mujeres con las que convivía.

   La misma fuente nos informa de que la enorme  fuerza que el artista empleaba en su trabajo creador, tenía mucho que ver con el hecho de que Picasso “no desperdiciaba nada de sí mismo en las varias rutinas de la vida”. Según le había confesado Picasso:

   “Todo el mundo posee el mismo potencial de energía. La persona corriente desperdicia el suyo en una docena de pequeñas variantes. Yo la empleo de una sola manera: en mi pintura, y a ella sacrifico  todo, a ti, a todo el mundo, incluso a mí mismo”.

Cabe preguntarse si compensa sacrificar todo, incluso sacrificarse uno mismo, por el desempeño del arte. ¿Puro egoísmo o sacrificio por un ideal apenas intuido…? De lo que no cabe duda es que tal comportamiento de vida conduce a un aislamiento, no siempre fácil de soportar, a un sufrimiento emocional intenso, y al desarrollo de fuerzas anímicas destructivas para las personas con las que uno convive. Ciertamente es difícil determinar qué  aportaba Picasso a sus parejas y qué aspectos del genio, sirvieron para arruinar sus vidas, pues lo cierto es que muchas de las mujeres que convivieron con Picasso, terminaron por sufrir de amor, e incluso de locura, llegando en algunos casos a suicidarse, una vez abandonadas por el artista.

   Si bien fueron muchas las “musas” y “amantes” de Picasso,  nos centraremos en este artículo en las mujeres que tuvieron una mayor influencia en la vida del artista.

Odette y Germaine (1900-1902). Las mujeres de Picasso

En octubre de 1900, Picasso y su entrañable amigo, Carles Casagemas (se habían conocido en la Taberna “Els Quatre Gats”, de Barcelona y compartían no solo estudio, sino la afición por los burdeles), viajan a París para visitar la Exposición Nacional en la que Picasso exponía “Útimos momentos” (sobre esta obra pintaría, posteriormente, “La Vida”). Unos días después se unen con Manuel Pallarés, antiguo compañero de estudios. 

Los tres amigos entablan amistad con tres  modelos francesas  que posaban para los artistas españoles: Casagemas con Laure Gargallo (conocida como Germaine), Pallarés con Antoinette (hermana de Laure) y Picasso con Louise Lenoir (conocida como la pequeña Odette). Germaine hablaba el español, no así Odette (tampoco Picasso hablaba el francés),  lo que no impidió que las tres jóvenes se instalaran en el taller (el antiguo estudio de Isidre Nonell)  que compartían los tres pintores, en el  “49 rue Gabrielle”.

Días de bohemia

Los tres jóvenes artistas con sus tres amigas, frecuentan los cabaret nocturnos  bebiendo absenta y tomando opio. Germaine era la más descarada y atrevida de las tres. Había trabajado como bailarina, lavandera y costurera, y trabado relaciones tanto con hombres como con mujeres. Cabe tener presente que se trata de una época en que los modelos, no solo posaban, sino que solían compartir el lecho con los artistas y, desde luego, Germain no estaba dispuesta a atarse al joven Casagemas, del que se burlaba con frecuencia, tachándole de impotente. 

Odette sirvió como modelo para numerosas pinturas del “Periodo Cabaret” de Picasso. Entre las misas, seguramente se encuentran “Mujer con sombrero de plumas” (1901), “Mujer con sombrero adornado” (1901), “Madrileña” (1901), “Mujer en palco” (1901) o “Mujer con sombrero y capa” (1901), entre otras.

Discusión por motivos políticos

No tardó en llegar la tragedia. Casagemas, no excesivamente agraciado físicamente, bebedor en exceso, enganchado a la morfina, con problemas de impotencia, y perdidamente enamorado de Germain, fue reiteradamente rechazado por la joven (Germain estaba casada con un hombre de apellido Florentin). Casagenas se hunde en un estado depresivo. Con la intención de sacarlo de tal estado, Picasso le lleva con él a Barcelona, donde recorren los  burdeles de la ciudad con el fin de hacerle olvidar a su amada. Después, aprovechando la Navidad, Picasso decide pasar la Nochevieja de 1900 con sus familiares en  Málaga. La estancia en España no surte el efecto esperado y, a comienzos de 1901, tras una fuerte discusión por motivos políticos, entre Casagemas y algunos amigos de Picasso, el malagueño se ve obligado a pedir dinero a su tío para comprar un billete de vuelta a París para su amigo, que deseaba reunirse con su amada. Picasso, por su parte, viaja a Madrid con el fin de poner en marcha la revista “Arte joven”. 

   Se suele afirmar que Casagemas marchó de inmediato hacia la capital francesa, pero tanto las 7 cartas que aparecieron en su chaqueta tras el  suicidio, destinadas a sus amigos madrileños, como las crónicas periodísticas que relataron el suceso, parecen señalar que Casagemas se dirigió a la capital madrileña antes de partir hacia París, con el fin de hacer las paces con Picasso. Al parecer no lo consiguió, y puede que tal fuese la causa de los remordimientos que persiguieron toda la vida al genio malagueño. 

El suicidio de Casagemas

   El 16 de febrero de 1901 Charles Casagemas regresa a París, si bien  Germaine ya había decidido cortar con él.

   A la noche siguiente  invita a cenar a varios amigos (Germaine, Odette, Manolo Hugué, Manuel Pallarés, Frederic Pujolà y Alexandre Riera), en el Café L’Hippodrome, situado en la esquina del bulevard de Clichy, rue Calaincourt y rue Forest, en la falda de Montmartre. Antes de acabar la velada, saca un arma y apunta a Germaine que trata de huir. Pallarés desvía el brazo del joven artista (y  recibe de refilón el disparo, quedando sordo y ciego de un ojo). Germaine cae al suelo.  Convencido de haber matado a su amada, Casagemas se dispara un tiro en la sien, muriendo desangrado antes de llegar al hospital.  El atestado policial pone al descubierto el verdadero nombre de Germain  (Laure Florentin, de soltera Gargallo). La autopsia revela la impotencia de Casagemas.

El suicidio de Casagemas impactó profundamente a  Picasso, que se encontraba en  Madrid, si bien no acudió al entierro de su amigo en Montmartre, ni al funeral que se celebró en Barcelona. Eso sí, pinta “La muerte de Casagemas”, un cuadro en el que se aprecia la herida de la bala. Posteriormente pintará una nueva versión: “Casagemas en su ataud”, obra en la que se aprecian ya las tonalidades azuladas con las que inicia su Periodo Azul.

Picasso y Germaine. Las mujeres de Picasso

Es posible que la relación sentimental que tuvo con Germaine, a la larga, fuese visto por el artista  como una traición a su amigo. En cualquier caso, todo apunta a que Picasso sentía remordimientos. Tras dejar de lado a Germaine, pinta  “Evocación, el entierro de Casagemas”, tal vez en un intento de  dejar de lado su no asistencia al entierro. Dado que los funerales de los suicidas se llevaban a cabo sin honra, Picasso, pinta un cuadro, inspirado en “El entierro del conde de Orgaz”, de El Greco, en el que en la parte inferior aparece el cementerio de Montmartre y en la superior un Paraíso hedonista y prostibulario, donde ángeles-mujeres, reciben a su amigo que llega a caballo.

   Sabemos también, por las radiografías del cuadro “La vida”  (1903) que se llevaron a cabo en el museo de arte de Cleveland, en 1978, que el hombre que aparece a la izquierda, inicialmente era el propio  Picasso. Posteriormente cambió su imagen por la de Casagemas abrazado a una mujer (simbólicamente Germaine), uniendo así, pictóricamente,  a su amigo fallecido con su antigua amante. 

   De lo que no cabe duda es que con el suicidio de Casagemas se inicia el Periodo azul de Picasso, quien confesará a Pierre Daix en 1965: «Pensando en Casagemas, me puse a pintar en azul».

  Germaine acabó casándose con el pintor Ramón Pichot.

   En el Museo Picasso de París se guardan  una quincena de cartas de Germaine Gargallo (ya anciana e imposibilitada por la sífilis)  dirigidas a Picasso. De las mismas cabe deducir  que Picasso no olvidó ni negó ayuda a  su antigua amante. También Françoise Gilot, en sus memorias, recuerda una visita que hicieron a Madame Pichot en Montmartre, a mediados de la década de 1940. Germaine era ya vieja y se encontraba enferma. Tras la visita, el artista dejó algo de dinero sobre la mesita de noche.

Madeleine (1902-1904). Las mujeres de Picasso

Durante sus viajes a París, en 1902 y 1904, Picasso mantiene encuentros ocasionales con Germaine y, al tiempo, comienza a frecuentar a otra modelo: Madeleine, a la que conoce en el cabaret “Le lapin agile”, en Montmartre.

   En abril de 1904, con 23 años,  Picasso se instala en el estudio del  “Bateau Lavoire” (edificio que había sido una fábrica de pianos y después una cerrajería, antes de que  el dueño decidiera convertirlo en apartamentos- estudios), de Montmartre. En esos momentos se encuentra inmerso en su Periodo Azul, un periodo definido por pinturas monocromáticas, con predominio de tonos azules,  en las que se trasluce un interés por los más desfavorecidos, y de las que emana una profunda tristeza. Si bien el detonante esta etapa  es el suicidio  de su amigo Casagemas (famoso por sus borracheras y trifulcas), no es menos cierto que, en este periodo, encontramos en las obras de Picasso un prototipo de mujer (estilizada, frágil, elegante, enfermiza…) que tiene como  modelo a la joven Madeleine.

Madeleine, una joven de belleza frágil, tendencia anoréxica y miembros alargados, será la amante y musa de Picasso, antes de que el artista empiece a compartir su vida con Fernande Olivier. De hecho, si Fernande Olivier es el la mujer que inspira el Periodo Rosa de Picasso y los inicios del cubismo, podemos afirmar que Madeleine es la mujer que está presente en el imaginario del artista durante todo su Periodo Azul e inicios del Periodo Rosa.

   Madeleine, sirvió como modelo  para obras como “Joven en camisa”, “La comida frugal”, “La planchadora” o “La mujer del acróbata”. Pero su interés por la joven va más allá, pues en 1904, piensa incluso en tener un hijo con ella.

En realidad, sabemos muy poco sobre la relación de Picasso con Madeleine. Según Pierre Daix (“Dictionnaire Picasso”): 

“eso responde sin duda al hecho de que, en el momento de su romance, solo Max Jacob podía estar al corriente; pero él siempre guardó silencio sobre las aventuras de su amigo (Pablo), aventuras que debían despertar sus celos. Apollinaire y Salmon aún no habían entrado en el círculo íntimo de Picasso y este, sin duda, por miedo a la irritación de Fernande (Olivier), que pretendía ser “la señora Picasso” y también su primer amante, no reveló la existencia de Madeleine hasta después de la muerte de Fernande, para evitar cualquier comentario de su parte. Es probable que sus amigos también se conjuraran para guardar los secretos”

Por otra parte, como señala Olivier, nieto de Picasso (“Picasso: retratos de familia”):

“En el plano sentimental, mi abuelo aprendió muy pronto  que la discreción era su mejor aliada. No porque  hubiese decidido multiplicar sus aventuras y engañar a sus conquistas, sino porque, a pesar de las separaciones explícitas, siempre conservaba un vínculo, aunque solo fuese artístico. En el momento en que empezaba una nueva relación, otra seguía su curso…”

La figura de Madeleine se mantiene todavía en la bruma del misterio, si bien parece ser que, tras quedar embarazada y abortar (un hijo de Picasso), desaparece de la vida y obra del artista.

Fernande Olivier (1904-1912). Las mujeres de Picasso

El verdadero nombre de Fernande era Amélie Lang (el de su madre Clara Lang). Nacida en París, el 6 de junio de 1881,  de una unión ilegítima con un hombre casado. 

   Al poco de nacer, Amélie fue dejada a la custodia de  una tía que tenía un negocio de flores artificiales y plumas para sombreros.  Apasionada desde muy joven por la lectura (en particular por las novelas populares de la época), pronto se aficionó a la escritura de extensos diarios. El círculo familiar trató de potenciar su admiración por las pinturas que colgaban del Louvre. Como escribe en sus diarios: 

“(…) porque el tío que me instruía era un ser austero, solemne y lleno de respeto ante la Gioconda o pasmado de admiración ante La fuente de Ingres, que él miraba con cierto aire picante, pero ante el cual me ordenaba pasar rápidamente, lo mismo, por otra parte, que ante todos los desnudos”.

Sin embargo, parece ser que el amor y entusiasmo hacia el clasicismo de Ingres, no hacía vibrar a la joven que, como nos dice en sus diarios, terminó subyugada, por los impresionistas: 

“¡Qué súbita emoción ante los Renoir, ante los Degas, los Toulouse-Lautrec, los Monet, Sisley, Seurat, Manet, mi querido Manet!¡ Y Cézanne, acaso más querido aún! […] así empecé a amar profundamente esta pintura, a la que he permanecido fiel desde entonces, y la vida de esos artistas […] que me encantó hasta tal punto, que nunca llegaba a comprender que se pudiese vivir de otra manera”.

Cuando tenía 18 años, Amélie fue obligada a casarse con  Paul-Emile Percheron, un hombre brutal, empleado de tienda, de quien había quedado embarazada. Fernande perdió el niño debido a los malos tratos del marido y, en 1900, huyó de él, sin pedir ni siquiera el divorcio.

Modelo en Montmartre   

Es evidente que su percepción de las relaciones amorosas, basadas en la brutalidad de su marido, no eran muy favorables a la ternura y el verdadero afecto.  De hecho, escribe en uno de sus diarios: “¿Es esto realmente lo que es el amor?», describiendo el sexo llevado a cabo por su marido, como «sucio y odioso» y “una posesión cruel y brutal«. Tras la huida conyugal, Amélie comienza a trabajar como modelo en Montmartre, adoptando el nombre de Fernande Olivier. El primer posado se lo ofrece el  escultor Laurent Debienne, quien la introdujo en el mundo del arte. Pero no es el único, ya que no tarda en ser contratada como modelo por diferentes artistas de la Escuela de Bellas Artes. Entre los artistas y escritores que comienza a frecuentar se encuentran Guillaume Apollinaire, Paul Léautaud, Kees Van Dongen y el pintor Edmond-Marie Poullain.

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Fernande Olivier, posando.

Vida con Picasso

Cuando conoce a Picasso (1904), tanto la joven como el pintor,  vivían en el Bateau-Lavoir,  en la calle Ravignan, 13, barrio de Montmartre, un lugar  muy frecuentado por escritores como Guillaume Apollinaire y André Salmon, y por no pocos pintores. Picasso acababa  de iniciar su periodo rosa (es muy posible que fuese la propia Fernande quien le sirviera como fuente de inspiración a la hora de decantarse por un colorido más cálido y una temática más alegre y vital). La primera vez que se vieron, Picasso  se encontraba hablando con el pintor catalán, Ricardo Canals, en la Plaza Ravignan (ahora plaza Emile-Goudeau). Según relata Fernande, el día era lluvioso y Picasso, después de bloquearla el paso, la invitó a visitar su estudio.

Le Bateau-Lavoir, hacia 1910.Las señoritas de Avignon
Le Bateau-Lavoir, hacia 1910. El “Bateau-Lavoir”, en la calle Ravignan, en Montmartre, edificio en el que estuvo  el estudio de  Picasso desde 1903 hasta 1912.

Fernande, bastante más alta que Picasso, además de por su corpulencia, era famosa entre los artistas por su holgazanería. Durante más de un año, Picasso todavía frecuenta a Madeleine, al tiempo que tiene escarceos ocasionales   con Alice Princet, que más tarde se casaría con el pintor Derain. Fernande, por su parte,  mantenía una relación con el pintor español Joaquim Sunyer. 

   En 1905, Picasso y Fernande comenzaron a convivir. Por supuesto, el malagueño, llevado por los celos, prohibió a Fernande que posara para otros artistas mientras estuvieran juntos, si bien, cabe señalar en defensa del pintor, que también Fernande era celosa y que, en aquellos momentos, se le conocían numerosos amantes.

   Fernande nos ha dejado las  primeras impresiones que le produjo el  «artista español»:

“Desde hace algún tiempo me encuentro con él donde quiera que vaya, y me mira con sus enormes y profundos ojos, agudos pero melancólicos, llenos de fuego reprimido. No lo encuentro particularmente atractivo, pero su extraña e intensa mirada me obliga a mirarlo a su vez, aunque nunca le he respondido cuando intenta entablar una conversación. No sé dónde ubicarlo en la escala social y no puedo decir qué edad tiene”. (Fernande Olivier, “Picasso y sus amigos”)

Escribe también:

“Con Picasso pasé los años más preciosos de mi vida. En la época en que fui feliz. También es entonces cuando, ay, abandoné una parte de mi juventud y de todas mis ilusiones”. (Fernande Olivier, “Picasso y sus amigos”)

La musa

Por supuesto, Fernande se convirtió, regularmente, en la fuente de inspiración del artista. Picasso, la amaba, y entre los retratos que  la dedicó,  cabe destacar “Fernande con mantilla negra”, pintado en París entre 1905-1906 (Guggenheim Museum, Nueva York), si bien la joven posó para muchas de sus obras del Periodo Rosa(más de 50 obras de Picasso tuvieron a Fernande como modelo).

Hacia 1909, las relaciones entre ambos empezaron a deteriorarse. Ese mismo año Picasso y Fernande viajaron a Horta de Ebro.  En julio de 1911, la pareja,  junto con una mona a la que llamaban ‘Monita’,  viajan a Céret  (un pequeño pueblo del pirineo francés), instalándose primero en el hostal del pueblo, y después en unas habitaciones de la “Maison Delcros” (conocida desde entonces como la casa del los cubistas). 

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“Gran Café” de Céret, lugar donde los “cubistas” acostumbraban a reunirse.  

Allí se unió a Georges Braque (años después acudirían al pueblo, Juan Gris, Moïse Kisling y una buena representación de pintores de vanguardia). Ambos artistas trabajaron en estudios contiguos,  experimentando y consumando lo que ha venido en llamarse “Cubismo”.

La ruptura

Mientras se encontraba en Céret Picasso se ve envuelto en un asunto de robo y  compraventa de objetos  de arte y debe volver a París. Las cosas empeoran entre la pareja, si bien siguen viviendo juntos hasta 1912. Según Fernande, el detonante de la ruptura es el escabroso episodio del robo de la “Mona Lisa” del Louvre, robo del que fue acusado Apollinaire y en el que Picasso terminó implicado. Lo cierto, sin embargo, es que Fernande  había tenido un escarceo amoroso de varias semanas con el pintor futurista Umbaldo Oppi, lo que sirvió de escusa a Picasso para romper definitivamente con ella. Cabe tener presente que desde 1906  el aspecto físico de Fernande había comenzado a cambiar radicalmente. Según Paula Izquierdo, (Picasso y las mujeres, Belacqua, 2004, Barcelona), con el paso de los años, Fernande había terminado por convertirse  en un “personaje telúrico, de pies planos, cuello de toro y dedos hinchados como morcillas. Su cuerpo se agiganta, la cintura desaparece y las piernas se convierten en dos gruesas columnas; ha perdido toda la feminidad”. (Paula Izquierdo, Picasso y las mujeres, p. 38). Seguramente, la descripción de la autora sea un tanto exagerada, pero, lo cierto, es que la Fernande de 1912, tiene ya muy poco que ver con la bella muchacha que Picasso había conocido en 1904. Sabemos del episodio por una carta de Picasso a Braque, en la que el malagueño reconoce que Fernanda se había  ido con Umbaldo Oppi y Germaine Pichot se había hecho cargo de Frika, la perrita. Según Pierre Daix,  “Kahnweiler tuvo que encargarse de sacar las obras y el material del apartamento del bulevar de Clichy, apartamento que Pablo abandonó a finales de septiembre para irse a vivir con Eva al número 228 del bulevar Raspail”.

   En 1912 Picasso había vuelto a alquilar un estudio en el Bateau Lavoir, con el pretexto de que necesitaba espacio para su trabajo. Lo más probable, no obstante, es que buscase un lugar, al margen de Fernande, para su relación secreta con Eva Gouel. También es probable, que Fernande, adivinara o estuviese al tanto de los escarceos de Picasso, y respondiera con la misma moneda. En cualquier caso, tras la ruptura con Fernande, Picasso, comienza un romance con Eva Gouel (Marcelle Humbert), a la que él llamaba “Ma Jolie”, compañera a su vez, de Marcoussis desde 1907.  

   Con la separación, Fernande se ve obligada a buscarse la vida dando clases de francés,  como cajera en una carnicería, vendedora de antigüedades e, incluso como asistente del modisto Paul Poiret. De 1918 a 1938, convive con el actor francés Roger Karl.

Los diarios de Fernande

Apoyándose en los diarios que había llevado a cabo desde 1896 hasta 1907, Fernande empezó a escribir sus recuerdos con Picasso (Picasso era en aquellos momentos, uno de los artistas vivos más conocidos). Así, bajo el título «Quand Picasso était pompier» (Cuando Picasso era bombero), comenzaron a publicarse  en el diario vespertino belga “Le Soir”, las memorias de Fernande junto a Picasso. Pese al intento, por parte del pintor, de parar la edición, se llegaron a publicar seis entregas. En  1931 salieron  tres entregas más en el periódico francés Mercure de France. En 1933 salió a la luz  “Picasso et ses amies” (“Picasso y sus amigos”).

 “Con Picasso –nos dice Fernande– pasé los años más preciosos de mi vida. En la época en que fui feliz. También es entonces cuando, ay, abandoné una parte de mi juventud y de todas mis ilusiones” (Fernande Olivier, “Picasso et ses amies”).

En 1956, con la salud muy deteriorada, consiguió que Picasso le pagara un millón de francos (una suma relativamente modesta para la época) a cambio de que no publicara nada relativo a su relación, mientras uno de los dos viviera. Fernande falleció el 29 de enero de 1966.   En 1988 (Picasso había muerto en 1973)  fueron publicadas, finalmente, sus memorias, con el título «Souvenirs intimes ecrits pour Picasso» (Recuerdos íntimos escritos para Picasso). En el  libro se esclarecen los  años de pobreza en el Bateau-Lavoir, junto a Picasso y  el círculo  intelectual en que el artista se movía; un círculo al que accedían muy pocas mujeres, y en el que las que lograban acceder, eran tratadas, por lo general,  “como seres incapaces de pensamientos serios”.

Período Protocubista Picasso. Fernande Olivier, Pablo Ruiz Picasso & Ramon Reventós en el estudio de J. Vidal Ventosa «El Guayaba» en Barcelona, 1906.
Fernande Olivier, Pablo Ruiz Picasso y Ramon Reventós en el estudio de Joan Vidal Ventossa «El Guayaba, en Barcelona, 1906.

Fernande, en sus recuerdos, escribe con nostalgia: 

“La vida ha pasado sobre nosotros, sembrando alegrías y tristezas. La confianza mutua se debilitó; después fue la dolorosa separación de una vida tan cargada de recuerdos. Compañera fiel de los años de miseria, no he sabido ser la de los años de prosperidad. ¿Se acordará Picasso ahora de la joven amiga que con frecuencia le sirvió de modelo y que, en cierta época no pudo salir a la calle en dos meses porque no tenía zapatos? ¿Se acordará de los meses de invierno en que ella tenía que quedarse acostada por no tener dinero para comprar el carbón necesario para la calefacción del glacial estudio?

Yo me acuerdo de todo”. (Fernande Olivier, “Picasso y sus amigos”)

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